Agradezco a Dios por dejarla a mi lado

“Agradezco a Dios por dejarla a mi lado”.

En septiembre del año pasado compartí mi testimonio y les contaba que estaba de 33 semanas y con mucho miedo porque a mi hija le habían diagnosticado una grave infección que le había dañado tanto su cerebro que no sobreviviría, si es que nacía.

Esta es la continuación de mi historia, y la de mi hijita, Valentina Esperanza, (quien, según los médicos, no llegaría a este mundo). Elegí ese nombre porque me propuse jamás perder la esperanza de un milagro para ella.

Valentina llegó el 14 de Octubre, así de repente, a las 36 semanas. Aún faltaba, pero ella llegó cuando sintió que estaba lista para este mundo.
Fue duro, jamás olvidaré ese día. Miedo y tristeza se apoderaron de mí, solo quería escucharla llorar y que todo fuese distinto a lo que me siempre escuché cuando estaba embarazada.
Mi esposo estuvo al lado mío, nunca me abandonó y ese día no fue la excepción.

Valentina es un milagro, no hay duda de ello.
Cuando nació empezó una historia de mucho amor y sacrificio, pero cada paso ha valido la pena.
Hoy, ella tiene siete meses y está bien, dentro de todo. Va a terapias, a la Teletón, al hospital, etc.
Ha sido difícil, claro que sí, pero siempre se puede salir adelante. Agradezco cada día a Dios por cambiar ese diagnóstico tan cruel y dejarla a mi lado.

Hoy, puedo dar testimonio de que la última palabra la tiene Dios.

Mi hija me ha enseñado mucho, cada logro de ella es otro regalo para mí. Verla sonreír es lo máximo. Es dulce, llena de amor, de alegría. No imagino la vida sin ella. Hoy, la vida tiene otro sentido, quizás un rumbo desconocido, pero aprendí que nada está dicho, que con amor y fe ocurren milagros.

Recuerdo palabras de apoyo que me escribieron en mi primer testimonio, las llevo en mi corazón y agradezco porque cada comentario me sirvió mucho.

Solo puedo decir gracias. A Dios, a mi familia, a la vida. Soy tremendamente afortunada.